FAQ (Preguntas frecuentes)

No es posible responder con total rotundidad a esta pregunta ya que no existe una definición con validez general acerca de lo que se considera como temperatura criogénica. En el ámbito de los materiales se suele considerar que el límite está en 120 K, equivalentes a -153°C (a menudo se redondea -150°C).

Al margen de estas referencias, debe quedar claro que los habitualmente conocidos como tratamientos subcero no son tratamientos criogénicos. Estos procesos son bastante habituales en la industria del tratamiento térmico convencional y se utilizan en ciertos aceros inmediatamente después del temple para lograr una transformación más completa de austenita en martensita. Normalmente son procesos relativamente cortos que se realizan a unos -80°C con el fin de mejorar la estabilidad dimensional de ciertos componentes. Hay quien oferta este tipo de procesos denominándolos erróneamente como tratamientos criogénicos cuando no lo son, ni por la temperatura a la que se ejecutan ni por sus efectos.

Los procesos criogénicos (incluidos los multietapa) se realizan a temperaturas mucho más bajas (normalmente en el entorno de -175°C) y durante tiempos notablemente más largos que los subcero. Aparte, de aumentar la estabilidad dimensional (la transformación de austenita en martensita es mayor), se mejoran otras propiedades como la resistencia al desgaste, se alarga la vida a fatiga, se mejora la conductividad, etc.

En general no es necesario. El tratamiento criogénico multietapa afecta a todo el volumen del material tratado. Por ello, no se pierden los efectos del tratamiento cuando los materiales sometidos al mismo son mecanizados, rectificados, repasados, afilados, etc. En muchos casos es incluso ventajoso realizar el proceso antes de las operaciones de acabado ya permite obtener mayor precisión y mejores acabados. Por otra parte, de este modo se elimina el riesgo de dañar una herramienta o pieza totalmente acabada debido a cualquier golpe accidental que pudiera producirse durante su transporte o manipulación.

Hay que tener en cuenta, sin embargo, que si el material requiere algún tipo de tratamiento térmico a temperaturas elevadas (por ejemplo un temple) el proceso criogénico siempre deberá realizarse con posterioridad ya que, en caso contrario, el efecto se perdería. Por otra parte, si la pieza llevara algún recubrimiento PVD, en general el tratamiento criogénico podrá realizarse indistintamente antes o después de aplicar el recubrimiento, siendo los resultados positivos en ambos casos.

En muchas aplicaciones puede optarse por realizar el tratamiento criogénico en diversas fases del proceso de fabricación, lo cual permite seleccionar la opción más adecuada para cada caso. Para una información más detallada no dude en contactarnos.

Aunque en en ciertas circunstancias los tratamientos criogénicos permiten aumentar notablemente la dureza de algunos materiales, en general ésta no se ve alterada significativamente. Por ello no pueden considerarse como una alternativa a los procesos de temple que habitualmente se emplean con este fin en los aceros, aunque a menudo puedan llegar a ser un complemento perfecto.

No obstante, cuando el tratamiento criogénico se aplica a un acero previamente templado o bonificado (temple + revenido) la dureza puede variar ligeramente (generalmente aumenta). Esto suele ser especialmente evidente cuando la cantidad de austenita residual es importante. En ese caso las temperaturas criogénicas transforman gran parte de dicha austenita en martensita, dando lugar a un aumento de dureza. Por otra parte, lo que sí suele observarse con frecuencia tras someter al material a un tratamiento criogénico es que los valores de dureza tienen una menor dispersión.

En general, los tratamientos criogénicos no cambian las dimensiones de los materiales. Al contrario, los componentes tratados aumentan su estabilidad dimensional. Tampoco se altera la apariencia ni se produce corrosión ya que el proceso se realiza en atmósfera inerte. Por ello, en la práctica el tratamiento es prácticamente indetectable.

Sólo en el caso de los aceros en los que tras el temple hubiera quedado un porcentaje elevado de austenita podría llegar a producirse un ligerísimo crecimiento del material (el volumen del cristal de martensita es ligeramente mayor que el de austenita). En este tipo de situaciones, el tratamiento a temperaturas criogénicas permite detectar y prevenir la aparición de problemas derivados de variaciones dimensionales en el componente cuando se halle en servicio.

Cuando la pieza a tratar está compuesta por diversos elementos unidos entre sí hay que tener ciertas precauciones, especialmente si dichos elementos están fabricados con materiales distintos. En este caso los coeficientes de dilatación serán diferentes y los distintos grados de deformación generados por la bajada de la temperatura podrían llegar a generar tensiones muy importantes. Por otra parte, muchos materiales son más frágiles cuando la temperatura es baja por lo que estas tensiones podrían provocar roturas (hay que tener especial cuidado con los elementos de plástico). Antes del tratamiento es recomendable, cuando sea posible, desmontar los diversos elementos o, al menos, aflojar las uniones sometidas a tensión. En caso de duda, podría ser conveniente realizar alguna prueba previa para verificar que no se producirán problemas.